Desvelada doña Inés, no sabía que hacer,Sueño ó fantasía su descanso ¡Interrumpía!gruñía y decia ¿Cuan belloes?Y a la vez que rezaba su calenturaaumentaba._ ¡Oh señor, mí señor!Perdonadme, sin querer mí imaginación meha vencido y prevertido una vez más,no se yo, que extraña razón,en mís estrañas se esconde,pero ay que ver que cachonda me pone.Desde que dimos aposento a tan apuestohidalgo, de mi consuelo no me lo sacoy por ventura,que es de tal embergaduralo que esconde su armaduraque para el fuego de este infierno, sin dedosme quedo.Os habéis fijado bien mi señor,Con perdón de la expresión, que eréctil yapuesto; me intriga conocer su manifiestoy su picara mirada, de ojos claroscomo el reino vuestro,una mirada más y me quedo sin nada queapostar._ lo se señor, se muy bien, que especado mortal blasfemar, y mucho másdesear al prójimo. Pero si por ello he demorir, que antes se clave su estaca en mi,y si por esta muerte he de agonizar; avuestras espaldas, ruego que lo repita una vez más. ¡Oh señor, mi señor! Que me estápasando, nunca antes habia sentido cosaigual, este fuego divino, que me sube hasta elombligo; pero no, ¡No! Tenéis querecordarme, los votos de castidad, y que convos me he desposado. Pero es que miignorancia desconocia, lo que tan bella cosa me menatiene con esta alegri. Han sidotntos años viviendo ciega en este olvidadoclaustro, y ahora que un sueño, otrosplaceres me han desvelado.¡Que injusto sería! Mi señor, noaprovecharme de este grotesco engaño,pues digo yo, a quien le hace daño.Cumpliré el castigo, por vos encomendadocon otra filosofia, que tan mojada me tenia,ahora que este pecado me ha envenenado.Decidme señor, cuando me habéis vistosonreir, sonreir si... pues a estose le llama felicidad. Felicidad es unapalabra mágica, que tan solo conpronunciarla, aumenta el deseo de tenerlocerca y acariciársela... acariciarla en todosu ser, y de repetir hasta enloquecer.Y ahora si me disculpais señor,al confesionario he de ir.Y ya que lo sabéis todo, imaginaros quien meaguarda alli, y por lo demás, taparos los oídos, si no lo queréis sentir. Y rogad al cielomi perdón, si después de consumar,este infierno no consigo sofocar. 30-07-2008
Juan Jiménez
|