| Kenneth Rogoff: “Si España quiebra, podría caer hasta Francia” |
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04 Abril 2011 POR JUAN LLOBELL Cuando cumplió 13 años, al hoy afamado economista Kenneth Rogoff le regalaron un tablero de ajedrez, con sus correspondientes 16 piezas blancas y sus 16 piezas negras. Y su vida cambió. Empezó a manosear las figuras, a moverlas, y a los meses descubrió que era un prodigio. A los 14 ya era “maestro” en Estados Unidos –aunque se cuidaba mucho de no mostrar su talento en el colegio por miedo a que sus compañeros le atizasen– y a los 16 –en contra de la voluntad de sus padres– dejó el instituto y se instaló solo en Sarajevo para competir en los grandes torneos. Con los premios que ganaba y las exhibiciones que hacía de su maestría –a veces compitiendo contra decenas de contrincantes simultáneamente, incluso con los ojos vendados– vivió como un marqués durante varios años recorriendo países, en particular España. “Hasta casi los 40 años no conseguí ganar como economista lo que lograba haciendo jaques mates”, dice Rogoff, que hoy tiene 57 años. Entre las anécdotas de la vibrante juventud de este neoyorquino sobresalen dos: que el mítico, y algo loco, genio Bobby Fisher quedó maravillado con unas sus partidas, que glosó en un artículo, y el haber disputado la partida más larga de la historia –véase el Libro de los Guiness–. A finales de los 70, tras haber conseguido su ansiado título vitalicio de gran maestro internacional, metió el juego de ajedrez en un cajón y decidió no volver a jugar nunca más para así entregarse en cuerpo y alma a su otra pasión: la economía. “Tuve que dejarlo del todo y decidir no volver a jugar, ni siquiera partidas de placer”. En economía no existe el título de gran maestro internacional, pero bien le podrían otorgar este laurel. Rogoff es hoy una de las voces más respetadas, codeándose con Paul Krugman o Joseph Stiglitz. Ha sido economista jefe del FMI y es hoy profesor en la Universidad de Harvard. Su nuevo libro –Esta vez es diferente, firmado junto a Carmen Reinhart– se ha convertido en un best-seller. Y eso que el hilo conductor es el análisis, nada fácil, de los últimos 800 años de crisis financieras. –¿Qué ha aprendido del ajedrez que haya aplicado a la economía? –¿Y qué tal mueven las fichas en el tablero de la crisis los políticos? Rogoff, un hombre alto, delgado, con unas gafas de fina montura, no tiene demasiada buena opinión de las corrientes de pensamiento dominantes en su profesión. Y no le importa decirlo alto y claro. “Los especialistas en macroeconomía fueron demasiado confiados, existía esa creencia religiosa en los mercados financieros como si fuesen casi perfectos, se creía que habíamos encontrado formas de aplanar los ciclos económicos. Y eso nos llevó a modelo equivocados que ahora han sido barrido por la crisis financiera”. Otra cosa que ha barrido, dice, es la dialéctica entre liberales –menos intervención estatal en la economía– y keynesianos –más protagonismo de lo público–, aunque no lo parezca a tenor de las portadas de los periódicos y el juego de los políticos. “Creo que el gran movimiento sísmico en el campo de la macroeconomía es que hay una convergencia hacia un mayor análisis de los datos. La profesión piensa que si quieres demostrar que eres un genio tienes que hacer algún tipo de modelo matemático propio de la física y que recabar datos no exige mucho talento. Ambos grupos han acabado por aceptar que necesitamos un modelo simple”. Rogoff no sólo piensa que la guerra entre liberales y keynesianos es “cosa del pasado” sino que afirma que Keynes nunca ha tenido razón. Ni vivo ni muerto. “Muchos dicen que esta crisis demuestra que Keynes acertó. No lo veo. Llevamos cincuenta años estudiando sus ideas y no tenemos apenas evidencia empírica de que sus teorías sobre política fiscal fueran ciertas “. –¿España, que fue el primer país del mundo en quebrar en la época de Felipe II y que lo ha hecho más de una decena de veces en su historia, va camino de una nueva suspensión de pagos? Para elaborar su enciclopédica obra –Esta vez es diferente. Ocho siglos de locura financiera, un libro que todavía no está traducido al español, “lo cual es increíble dado que está en casi todas las lenguas, hasta las menos habladas”– Rogoff ha buceado durante años por los sótanos de bibliotecas raras y vetustas, ha rebuscado viejos periódicos –hasta monacales-, y ha tenido que mendigar datos a los bancos centrales, que no los dan con facilidad. Al final, tras haber escrutado casi mil crisis económicas y financieras, ha confeccionado uno de los mayores cuadros estadísticos de la historia. –¿Ha estado mirando los últimos 800 años de historia económica, qué ve cuando cuando se asoma al futuro? Rogoff podría hablar horas y horas de economía –es probable que EEUU lo pase mal con su deuda, las empresas cada vez necesitan menos trabajadores…– pero el ajedrez ejerce sobre él un poder casi sobrenatural, magnético. Cuando acabamos la entrevista, justo después de que haya degustado unos cookies, le ofrecemos que sujete dos piezas, un rey blanco y una reina negra, para hacerle unas fotos. Y de repente, alguna reacciona química o psicológica se opera en su cerebro. Mira las piezas con fascinación y, como si fuese aquel niño prodigio al que le acaban de regalar un tablero de ajedrez, le dice al periodista: “Lo ves, ni un día dejo de pensar en ello”.
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